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Con la ciencia, así no AMLO

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Foto: Franz Bledl Santisteban/Tierra Baldía
Por: J.Lorenzo Díaz Cruz

 


Puebla, México.- Carta abierta al gobierno de AMLO: por una revalorización del papel de la Ciencia en México.


Lic. Andrés Manuel López Obrador


Presidente de México


En mi carácter de ciudadano dedicado a la investigación en temas de la física teórica de altas energías, me dirijo a Usted para llamar la atención de sus colaboradores, sobre algunos beneficios de la actividad científica básica, dichos desde la óptica de un científico que trabaja en una universidad estatal, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Aunque estos beneficios sean conocidos y apreciados en diversas instancias, o incluso puedan parecer obvios, no siempre se ven como parte integral de una agenda de cambio, sobre todo en una sociedad con tantas carencias y urgencias, como la nuestra.


Sería de esperar que el cambio prometido, bajo el gobierno que Usted encabeza, involucre a la amplia comunidad científica de México, tanto para elaborar las políticas de gobierno que marcarán el rumbo de la actividad científica durante los próximos años, como para aprovechar lo mucho que esa comunidad puede ofrecer al pueblo de México.


1.- La Ciencia como factor de movilidad social


Muchos son los beneficios que se puede esperar de la actividad científica en nuestro país; sin embargo, dado el momento tan delicado que vivimos, con tanta pobreza, marginación y violencia, el primer gran beneficio que nos trae la ciencia básica y aplicada, con sus diferentes niveles de excelencia o modestia, es la mejoría en las condiciones de vida de quienes se dedican a la investigación.


Para un investigador que proviene de la clase media o más acomodada, dichos beneficios le permiten mantener su nivel de vida, con el estatus que le da pertenecer a una elite educada. Pero en los casos en los que el científico proviene de la clase baja, los beneficios van mucho más allá de lo material, los cuales no se restringen al individuo, sino que suele ayudar a toda una familia extendida, que adquiere una mejor perspectiva cultural y educativa, y de hecho esto puede extenderse incluso a toda una comunidad. Conozco pueblos que hicieron fiesta, con comida y cuetes, cuando uno de sus hijos se graduó como el primer doctor en ciencias del pueblo.


Mediante el estudio de carreras de ciencias en general, es factible fomentar que los jóvenes vean a la actividad científica como una forma de movilidad social, y los motive para estudiar una carrera en ciencias o incluso un postgrado. Encontrar una facultad de ciencias llena de jóvenes entusiastas, luchando por superarse, es otra manera de ganar la batalla a los grupos que optan por actividades antisociales.


Cabe mencionar que soy originario de la Sierra de Guerrero, y aunque mi futuro parecía condicionado por las limitaciones materiales de mi familia, logré sacar el provecho del modesto sistema de educación pública de ese México profundo, y gracias a ello pude dedicarme a una de las áreas más abstractas de la física teórica. Con esos antecedentes, reclamo que los indios y mestizos pobres de México, también tengamos el derecho de estudiar cualquiera de las áreas de la ciencia pura, aún aquellas que puedan parecer más sofisticadas o exquisitas, como una opción de vida válida para los mexicanos de cualquier nivel social y que muestren capacidad y dedicación.


2. La Ciencia como fuente de bienestar material


Muchos son los estudios que encuentran una correlación entre el bienestar material de una sociedad y el nivel de su ciencia básica. Contar con una buena base en física, matemáticas, química, es importante para el estudio de muchos problemas aplicados. Un ejemplo son las ciencias de la Tierra, tema que está llamado a plantear los retos más importantes de nuestra sociedad, en virtud del cambio climático, cuyos efectos se están presentando ya. Conocer la dinámica del océano, el aire, los volcanes y las placas tectónicas, podría llegar a ser de fundamental importancia para la sobrevivencia misma de la humanidad.


Pero incluso cultivar las áreas más abstractas de la física teórica, como pueden ser las Partículas Elementales y la Gravitación, trae importantes beneficios para la sociedad, pues contribuyen con ideas novedosas cuya comprobación experimental da lugar a retos en instrumentación y cómputo, que a su vez producen importantes aplicaciones tecnológicas. Tal vez las más conocidas sean la red www, que fue desarrollada en el CERN, un laboratorio de física de altas energías; y el GPS, cuyo funcionamiento correcto requiere tomar en cuenta los efectos de la Relatividad General.


3. La Ciencia como parte integral del sistema educativo


Contar con una comunidad científica comprometida con la sociedad, puede ayudar a mejorar la educación, y convertirla en la palanca que permita lograr que nuestra población alcance mejores niveles de bienestar y paz social. En ese sentido, un primer paso para mejorar la educación, debería incluir una redefinición de los planes de estudio de la educación básica y media, para lograr una formación integral en tres vertientes: a) formación científica, b) formación humanista, y c) formación técnica.


Aunque en principio las tres son universales, se deben atender las condiciones de cada región, ya que mientras para un niño de la ciudad le podría ser más útil aprender a leer los mapas del transporte colectivo, para un niño del campo quizás le podría servir más aprender la ciencia detrás de los procesos de fermentación.


Por otra parte, cultivar las ciencia en general, influye en una mejora de la educación superior. Educar a los ingenieros y tecnólogos, con bases sólidas en física y matemáticas, de manera más actualizada, hace de ellos mejores profesionistas.


En nuestra facultad de Ciencias Físico Matemáticas (BUAP), por ejemplo, una parte de la planta se dedica tanto a la investigación básica o aplicada, como a la docencia. Incluso una parte de la planta académica se dedica a temas de educación, y se ofrecen cursos de actualización para profesores de secundaria y bachillerato, también se estudian nuevos métodos para la enseñanza de las ciencias y se trabaja en la elaboración de textos. Esto se hace de una manera voluntaria, por iniciativa de la academia, y sería deseable dialogar con los diferentes actores del sistema educativo nacional para identificar retos y oportunidades de colaboración.


4. La Ciencia como una parte de la identidad cultural


Además de los logros de la investigación en el ámbito puramente académico, debería resaltar también el papel de la ciencia en nuestra sociedad. Son muchos los beneficios que trae la actividad científica, por ejemplo mediante la actividad de divulgación, como son la realización de conferencias públicas, talleres para niños, ferias de ciencia y tecnología. Estas actividades no solo permiten atraer talentos, sino también es una manera de educar a la sociedad en general.


Lograr que una sociedad entienda los fenómenos naturales con la información científica, le permitirá a esa misma sociedad elegir mejor los tratamientos médicos adecuados, juzgar la validez de un noticia o la efectividad de un producto comercial.


Mediante las actividades propias de investigación (publicaciones, conferencias, visitas de científicos distinguidos) es posible agregar una componente científica a la identidad cultural de una región y del país.


5. La Ciencia en el México más desfavorecido


Por otra parte, existen regiones en el país en las cuales la investigación científica es casi inexistente. Peor aún, hemos visto que en algunas de ellas, la misma convivencia social ha sido gravemente afectada por los conflictos y problemas de seguridad. Cabe preguntarse si sería factible impulsar medidas urgentes para utilizar a la ciencia como una herramienta que pudiera ayudar a regenerar el tejido social. Dicha iniciativa podría funcionar como un punto de arranque para lograr que esas regiones tengan una mayor participación en la creación de conocimiento. El apoyo a la ciencia traería beneficios trascendentes y es de suma importancia que los poderes públicos, tengan claridad en la naturaleza de esos beneficios en el corto, mediano y largo plazo.


Entre los beneficios de corto y mediano plazo, que traería llevar la ciencia a dichas regiones, se pueden enumerar los siguientes: a) contar con una inversión social para una noble causa, que en sí misma contribuiría a un cambio en la percepción del rol y fortaleza del estado; b) mediante la contratación de personal científico y de apoyo, de alto nivel, se contribuiría con una inyección de recursos que ayudarían a la reactivación de la economía local; c) el gasto para equipo de cómputo y de laboratorios, de baja y mediana intensidad, también podría influir eventualmente en la economía local, desde un nivel de micro negocios de consumibles, hasta un nivel más sofisticado de proveedores de insumos y equipos; d) contar con una planta de expertos en ciencias, permitiría influir en una mejora de la enseñanza de las ciencias, por ejemplo mediante cursos de actualización para profesores de educación media y superior.


Incluso se puede identificar una contribución al sector turístico, ya que mediante la organización de congresos y talleres, con una participación de investigadores visitantes del país y del extranjero, se aporta a la economía local.


A largo plazo, se podrían contar con otros impactos benéficos, entre los que se puede incluir: a) contribuir a la creación de una imagen positiva de la región, para obtener un reconocimiento nacional e internacional que permita reactivar la actividad productiva y una mejoría en la convivencia social; b) encaminar a los jóvenes a la ciencia, para formar investigadores que puedan ser vistos por la sociedad como modelos que inspiren la movilidad social a través de la educación y los alejen de conductas antisociales; c) contribuir a la generación de agentes innovadores en la economía, basada en el conocimiento, que puedan acelerar el desarrollo regional.


En resumen, podemos decir que nuestro país cuenta con una comunidad científica de alto nivel, con la cual se podrían plantear proyectos de ciencia básica y aplicada, que influyeran en un crecimiento educativo, cultural y tecnológico de la sociedad. La madurez del sistema científico permitiría incidir incluso en la solución de las necesidades específicas de cada región. Esto no ha ocurrido con la intensidad deseable, por diversas razones, entre las que resalta un divorcio entre los científicos y los diferentes niveles de gobierno, así como la limitación en los recursos dedicados a la investigación. Otra constante ha sido el limitado número de plazas para los jóvenes investigadores, formados en el país y el extranjero, los cuales muchas veces se ven obligados a emigrar, cuando podrían contribuir con sus conocimientos al desarrollo de nuestro país.


En los últimos años se ha tratado de revertir esa situación mediante programas novedosos. Gracias a ello, ha sido posible la consolidación de varios grupos de muy alto nivel, principalmente en la Ciudad de México, así como algunas universidades de los estados. Todavía se debe tratar de mejorar las condiciones de trabajo de los investigadores, sobre todo los que laboran en provincia; sin embargo, en algunos casos afortunadamente no se inicia desde cero, y más bien se trata de plantear cómo consolidar lo que se ha logrado hasta ahora.


La comunidad científica de nuestro país está disponible para trabajar en nuevos proyectos y lograr una especie de transición de fase en la ciencia mexicana, por ejemplo para alcanzar un mayor impacto y generar localmente nuevas líneas que sean seguidas en el mundo. De igual manera, debe ser posible encontrar mecanismos para incentivar que los científicos trabajen en los problemas concretos que interesen tanto al gobierno como a la iniciativa privada.


Para lograr una sociedad más justa, debe considerarse también como algo prioritario plantear nuevos centros que permitan llevar la ciencia hacia las regiones más pobres de nuestro país. (TB)


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