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¿Qué piensas hacer contra emergencia climática tras enseñanza oculta del COVID-19?

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Foto: Pame Tajonar Méndez/Tierra Baldía
Por: Jesús Antonio Saldaña de la Vega

 


Puebla, México.- A nivel global la pandemia del COVID-19 nos muestra que la falta de empatía y la reacción humanitaria tardía tiene consecuencias que hoy en día estamos sufriendo y, de seguir con la misma actitud de negación o de creer que los problemas son invenciones gubernamentales, tenemos cien por ciento asegurado el sufrimiento de la crisis climática.


El COVID-19 y el cambio climático nos ponen frente al espejo al culpable de lo que hoy se denomina crisis, donde quedamos reflejados como seres no tan racionales: entender se nos quedó en segundo plano por años, pero hoy la experiencia es clave. Aún tenemos una oportunidad ¿la tomaremos en base a la razón?


Citando a Greta Thunberg, para entender los problemas globales que hoy atravesamos con relación al cambio climático debemos actuar como si nuestra casa estuviera en llamas y, tal vez, así se genere conciencia de actuar bajo la premisa de prevenir y no la de adaptación.


Históricamente el humano actúa con el discurso de saber que los problemas existen, pero ¿por qué actuar si con el paso de los años nunca nos pasó nada? Después de todo ¿por qué me afectaría algo que no puedo ver?...


Es nuestro actuar quien le confiere dolor a este tipo de preguntas, porque hoy más que nunca estamos viendo y viviendo las consecuencias de no actuar ante lo que no vemos, pero que por años se nos ha advertido. Con la pandemia del nuevo coronavirus que hoy nos mantiene confinados en casa a los afortunados y en la exposición y riesgo a aquellos que día a día deben salir para continuar con sus actividades, queda evidenciada nuestra falta de reacción y, de seguir así, éste podría ser el ensayo de una crisis anunciada por el cambio climático.


Somos seres no tan racionales y reaccionarios de cara a las experiencias


Retomando la cita de Greta Thunberg en su discurso en Bruselas en abril de 2019 en el que a la apertura de éste pide: “Que entren en pánico porque su casa está en llamas”, hace sentido ya que mucha gente no se inmuta ante una realidad y aún más hacen caso omiso a los avisos que la misma Tierra nos envía día a día con mayor intensidad. Estamos tranquilos con los problemas del cambio climático y también lo estábamos como testigos en la distancia de la epidemia. ¿Qué puede estar fallando dentro de nosotros?


En el marco del 50 Aniversario del Día de la Tierra se tiene claro que nuestro planeta se está calentando. Se sabe por los reportes gráficos que la comunidad científica aprueba y comprueba bajo distintas metodologías. Y esto no es la señal que a muchos les active luces rojas lamentablemente.


El problema radica en que al ver estos datos no se ve el cambio climático, para que podamos reaccionar, esos gráficos deben encuadrar en experiencias personales; se torna más fácil ver nuestra casa en llamas porque realmente tiene llamas. Del mismo modo nos es más fácil creer y cuidarnos de un virus cuando nos ha llevado a pasar una larga estancia en cama y una difícil recuperación que muy probablemente nos llevó al hospital o vimos sufrir a un ser querido, y es éste el ejemplo que nos ubica como seres no tan racionales y nos ubica en reaccionarios de cara a las experiencias.


Antes de que el cambio climático fuese tema de conversación, expertos en economía como Amos Tversky realizaron distintos experimentos para entender cómo lidiamos con el riesgo y la toma de decisiones y se observan resultados deprimentes sobre nuestra percepción del riesgo; ya que, tenemos muchas dificultades para juzgar la frecuencia y magnitud de los eventos, esto debido a que nos fiamos de lo más reciente que nos pasó. A este proceso se le nombró sesgo de disponibilidad.


De la mano de estos estudios se demostró que tememos de manera alarmante las pérdidas en un corto plazo, pero nos es indiferente una pérdida a futuro, si le agregamos incertidumbre esto se suele agravar en la mayoría de los casos.


De manera ejemplificada sabemos que el tabaco es un causal de cáncer quizás de pulmón o garganta, pero tal vez no nos pase nada ya que solo consumimos uno al día, y no hablar del daño que nos puede causar el alcohol, pero ese mismo daño queda minimizado debido a que la cirrosis te da de mayor y solo aqueja a bebedores empedernidos, posiblemente nunca llegue la cirrosis debido a que el consumo de muchos es un par de copas al día o una botella cada fin de semana. Ese “quizás” es el mismo que mantenemos a la enfermedad que hoy aqueja a nuestro planeta.


Como seres pensantes tendemos a caer en un sesgo demasiado optimista al creer que las cosas malas nunca llegarán a nuestra puerta. Vamos a tener más suerte que los dinosaurios y no precisamente los de la política ya que ellos aún existen, pero si es verdad que tendremos más suerte que nuestros compañeros terrestres de Europa y, por qué pensar en algo peor sino somos China y no comemos tantos animales.


Ahora que la pandemia se tornó en hechos tangibles como lo es el aislamiento y mucha gente se enfada, se nos olvidan las semanas previas donde los memes gobernaban nuestros días y mejor no hablar de los chistes que se burlaban de lo que tal vez podía pasar.


¿Pero alguien en su entorno conoce a una persona que hoy se moleste porque tenemos problemas de cambio climático? No digo enojo porque el cambio climático es una realidad o por la constante inacción de otros. Me refiero a un enojo visceral que te provoca un tic en el ojo o el salto de la vena del cuello y entran en llanto porque “el señor” que provocó el cambio climático atenta contra tu goce del planeta, desde el amanecer hasta tomar la puesta de sol. Yo nunca y eso se debe a que no existe “el señor” que cambió el clima, no tiene uniforme, no podemos encontrarlo en una oficina y no tiene un patrón predecible.


Hagamos nuestra aliada a la imaginación.


Para el humano, es clara la percepción de lo que nos afecta, desde una persona, un animal o un microorganismo que abruptamente actuó en nuestra contra o en contra de nuestros seres queridos. Por tanto, “el señor” que causó el cambio climático nunca será algo que nos preocupe ya que jamás se ha metido directa o indirectamente con nosotros ¿por qué actuar contra algo que es abstracto, invisible, que actúa lentamente y no es inmoral? ¿ES DIFÍCIL O MUY DIFICIL?


Pero por una sola vez hagamos caso a la razón auxiliados por la imaginación, generemos en nuestra mente la imagen imposible, pongamos a muchas personas delante de una casa ardiendo en llamas e intentemos sentir el fuego abrazante y ver la imagen desoladora de perder el patrimonio de alguien más ¿tomarían un balde de agua si es que nadie se mueve? O solo hasta saber que la siguiente casa en llamas será la nuestra tendremos el sesgo de acción única que protege lo nuestro. Parece una tarea muy difícil de realizar, aunque ambas sean igual de positivas ¿cuándo accionaremos el botón que nos vuelve empáticos?


Empecemos por casarnos con la idea de ya no solo usar bombillas de bajo consumo, sino también reciclar, usar bolsas de tela y veremos que nos hará sentir parte del cambio. Pero desgraciadamente esto no basta; no seamos de aquellos que de manera habitual beben una cerveza, pero cuando corren su auto autorizan a tomar dos o quizás tres acompañados de una buena dosis de tacos por el simple hecho de haber corrido media hora que nunca corres. Ese mismo comportamiento tienen bastantes al asumir que cumplen las sugerencias anteriores, desde la bombilla ahorradora hasta llevar nuestra bolsa al supermercado.


Finalmente lo que los científicos llaman banco finito de preocupación como lo es la pérdida de un empleo por el confinamiento o la reducción de nuestro salario o quizás la pérdida de un ser cercano por causa del COVID-19, centrará solo nuestra atención en los hechos que realmente nos afectan, en condiciones normales no nos preocupa abrir la regadera hasta que salga el agua caliente dejando correr la fría, el no poder dormir por el terrible calor que tenemos en la noche, desgraciadamente la casa ya empezó a tener llamas.


Las fechas de 2050 ó 2100 ya son horizontes prácticamente cercanos que, de seguir con la mentalidad de no hacer nada, escenarios más duros están por venir.


Si empezamos a ver las inundaciones, las sequías, las olas de frío y calor que se pueden manifestar una detrás de la otra, esto te dejará de ser abstracto para ser concreto. Este pequeño paradigma es un esfuerzo para seguir viendo cristalinas las aguas de nuestras playas que creíamos siempre habían sido turbias como lo es el puerto de Acapulco, intentemos ver paisajes de montañas nevadas, sigamos exigiendo ver el cielo estrellado, apreciemos los canales de Venecia como nunca los habíamos visto; pero sobre todo, apaguemos las llamas de nuestra casa llamada “EL PLANETA TIERRA” y no esperemos a que los vacíos legales nos hagan aprender a respetar como lo hacen ahora los distintos decretos de diversos países para entender que debemos QUEDARNOS EN CASA y usar protección en áreas comunes. (TB)


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